Hoy me preguntaron qué me llevó, a los 17 años, a cruzar el charco. A dejar mi casa, mis amigos, mi familia para aterrizar, sola, en Inglaterra. Otro idioma, otro clima, otro continente.
Comencé a responder una estudiada respuesta: porque no me gustaba Posadas, para probar la vida sin una melliza, para escapar…bla bla bla...
A medida que hablabla me iba dando cuenta de que no sabría responder(me) de qué huía concretamente.
Intento remontarme a los meses anteriores a la partida, al momento de tomar la decisión de irme. No recuerdo nada, ni siquiera cómo llegué a esa opción.
No sé bien lo que me empujó en ese momento, siento como si alguien hubiera tomado esa decisión por mi. O quizá simplemente lo que me empujó fueron las ganas de ser feliz.
No me interesa del todo saber qué me hacía infeliz, porque hoy ya no huyo.
Si bien sigo "buscando", siento que hoy estoy donde quiero estar, con las personas que quiero a mi lado, a pesar de que muchas están a miles de kilómetros.
Quizá el síndrome formó parte del empujón, qué sé yo! Francamente, hoy los motivos me desinteresan. Sí valoro, recuerdo, conservo y disfruto las consecuencias de esa escapada, sobre todo una en particular: la reconciliación conmigo misma.
Brindo porque el pasado no pese más que el presente.
