Lo primero que sentí fue una enorme admiración por ese papá por buscar en internet sobre MRKH, encontrar el blog, encontrar mi teléfono y llamar. Sobre todo llamar. Y pensar que uno busca héroes en películas o en el noticiero....
Le conté rápidamente cómo había sido mi diagnóstico y cómo me sentía en ese momento, coincidiendo, segun me describía él, con los sentimientos de su hija. Nos preguntamos "por qué a mi?" cuando se nos presentan situaciones que rompen con lo 'normal', con lo establecido. Nos sentimos bichos raros y creemos que es el fin del mundo.
A mi me gusta pensar que si hay un "por qué a mi" también hay un "por qué no a mi?". Por qué no a mi si tengo la capacidad para aprender a ser fuerte, por qué no a mí que tengo el apoyo de la gente que me quiere (que también son capaces de aprender a ser fuertes). Por qué no a mi que, aún sin saber bien cómo, soy capaz de sobrellevar esta situación, y no hacer que se convierta en el centro de mi vida.
A medida que íbamos hablando comencé a notar ese tan conocido nudo en la garganta que hace muchisimo tiempo no experimentaba.
Al colgar el teléfono, me quedé mirando el mundo pasar mientras lloraba.
Me di cuenta que estaba sanando cosas dentro. Lloraba sin angustia. Lloraba de emoción, por admiración, por empatía con ellos. Lloraba y sonreía sin dejar de mover la cabeza afirmativamente.
Bien, pensé. Qué bien buscar ayuda, qué bien estar preparada para ofrecerla...
Dedico este post a ese papa, a esa mama y sobre todo a esa mujercita que me está leyendo, probablemente con lágrimas, miedos, incertidumbre, rabia, que algún día, y eso te lo garantizo, se convertirá en sonrisa y aprendizaje.
No estás sola, en el país de las maravillas... :)
Los abrazo!

En esta foto mi papá. Gracias papis por dejarme ser, sin dejar de acompañarme.